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Coaching

Coaching en la empresa

30/10/07 (por GustavoRuíz Llavero)
 
El entrenamiento personal de los empleados y directivos está en crecimiento.

Porque refuerza lo que se consigue durante la formación reglada y porque ayuda a despejar las dudas que nos embargan dentro de la empresa, cuando se termina el curso. Además, obliga. A todas las partes: Empresa, empleado y entrenador. Tiene éxito, en definitiva. En épocas de dudas y oportunidades, retener a las personas en la compañía se hace “cuesta arriba”, sobre todo cuando las personas obvían que el mejor trabajo es el trabajo interior. Como dice un amigo, “se compra la sonrisa si hace falta, pero no se compra el placer de llevarla puesta”.

Muchos directivos de primer nivel trabajan con un entrenador, como Woody Allen lo hace con su psicólogo. Pero surgen dudas cuando nos lo sugiere o demanda recursos humanos. ¿El qué?

1.- Ejercer de coach para la gente que trabaja con nosotros. Como hay pocas diferencias entre ambos roles en nuestra cabeza -psicólogo y coach-; como algunas personas se consideran poco psicólogas, en las empresas cuesta encontrar quien lo quiera hacer. Bueno para el negocio de los proveedores, como yo, malo para la organización.

2.- Ser coacheado por gente que trabaja con nosotros. Porque hay pocas diferencias entre ir al coach e ir al loquero. Parece que representa un reconocimiento de debilidad, pedir ayuda, encima no solicitada. Malo para el negocio de los proveedores -para mí-, malísimo para la organización y sobre todo para ti. Un entrenador personal es un auténtico lujo pero al que no estás desacostumbrado.

Desmontando prejuicios

1. Todos somos entrenados de forma individual a lo largo de la vida. Da igual cómo lo llamemos. Todos tenemos la necesidad de contar con alguien para confirmar o descartar lo que sabemos, intuimos o deseamos.

2. El coaching en la empresa se produce de modo natural. Por ejemplo, cuando un compañero te solicita orientación, sin demandar una respuesta concreta. Quiere que le escuches para “polarizar” ideas. En esos momentos que posibilitas que encuentre una opción, su opción, formulandole preguntas adecuadas.

3. El coaching es el recurso más abundante en la naturaleza humana. Incluso mal formulado, mal practicado y hasta sobredimensionado en algunas empresas -esas en las que todos preguntan y nadie contesta directamente- su empleo es consustancial al intercambio, a la comunicación respetuosa.

4. La empresa necesita que entre el estilo directivo Terminator y el estilo directivo Collegator se instaure el sentido común, la exigencia respetuosa, el conocimiento de qué está impidiendo que las cosas sucedan. Y si es apoyado por el coaching como herramienta de gestión para la mejora y la adopción de cambios individuales, mejor.

Ni es tan difícil ejercerlo ni es tan oscuro. Es una herramienta de gestión que tiene más virtudes que defectos.

He incorporado dos presentaciones, para que te inspires y te animen a profundizar.

En la primera de ellas, recojo orientaciones para que puedas ejercer como coach en la organización y aporto algunas sugerencias sobre el papel que juegas en ella y técnicas que son de utilidad. No te convertirá en el mejor entrenador del mundo, ni te perjudicará si ya lo eres.

En la segunda de ellas, comparto contigo el contrato que elaboro para realizar coaching, los dos registros que empleo (uno para mi como coach, otro para la persona que se está entrenando conmigo) y algún ejercicio para facilitarte las dos primeras reuniones de trabajo.

Algunas de las habilidades que tendrás que ejercer las he dejado fuera, a propósito. Pero las comparto contigo en esta entrada:

- Impulsar la acción. La persona que entrene contigo esperará que le animes a hacer cosas, no que las hagas por él. Tendrás que poner entusiasmo y moderar el suyo con propuestas, hacer que las cosas sucedan porque las realiza el coachee. Eres un generador de RETOS. Cuando entrenas a alguien, estás en la pomada. Pero se alivia solo.

- Interrumpir y tomar el mando de la sesión. La conversación se irá a veces por derroteros inesperados. Emplea tu iniciativa para que el coachee reconsidere dónde estáis. O interrumpe con una expresión del tipo, “espera, espera, vamos a ver de qué se trata realmente”; “nos estamos perdiendo”; “siento que hemos derivado a otro tema; volvamos”.

- Reencuadrar. La información, tal y como viene, puede ser engañosa. Tienes que hacer el esfuerzo de encuadrar nuevamente “eso”. Como es difícil dar con la señal, te propongo que utilices este tipo de intervención: ¿Cómo afecta esto al objeto de las sesiones? ¿Qué impacto tiene sobre [la decisión que adoptarás mañana, tu carrera, el conjunto del proyecto que estás acometiendo, tu idea inicial…]

- Mantener la agenda. En el proceso hay unos objetivos. Y una agenda. Cosas que el entrenado quiere lograr. La agenda es la bitácora.

-Bailar. Muchas veces te verás tentado de imponer el paso. Aunque en coaching lo que hacemos es precisamente bailar, buscar la sintonía con el pupilo. Porque en contadas ocasiones hay dos personas iguales. No se mueven igual, pero pueden bailar.

El ejercicio del coaching es muy similar al que realiza el patrón de la embarcación. Mantiene el rumbo, hacia el destino que el pasajero ha decidido alcanzar.

Te gustarán las presentaciones. Aportan ideas que puedes hacer tuyas y mejoralas. Si quieres acceder al powerpoint para manipularlo (qué mal suena) tendrás que guardarlo en tu disco duro y abrirlo como ppt, en lugar de como pps, que es la extensión con la que lo he subido a Internet. Que no, que es fácil. Ya verás.

Y aquí un pequeño ejemplo para iniciar el diseño de un proceso de coaching.

Ejemplo para diseñar un proceso de coaching